José Manuel Sánchez Riera era agente del CNI cuando se enfrentó a un brutal atentado yihadista el 29 de noviembre de 2003, durante una misión en Irak. De todas las víctimas, él fue el único superviviente, lo que le ha supuesto una serie de consecuencias a nivel personal. Más de 20 años después, su historia de memoria dignidad y justicia ha quedado reflejada en el libro Tres días de noviembre, editado por Espasa.
Actualmente, José Manuel preside la Asociación de Víctimas del Terrorismo de la Comunidad Valenciana y ha colaborado con la Fundación Alberto Jiménez-Becerril en varias iniciativas, incluyendo la propia presentación del libro en Sevilla. Durante su visita a nuestra ciudad, tuvimos la oportunidad de hablar con él durante una entrevista en la que refleja su visión sobre el apoyo a las víctimas del terrorismo y nos deja algunas pinceladas de su libro.
En Tres días de noviembre dices que enfrentarte a la escritura de tu testimonio ha supuesto para ti un esfuerzo emocional. ¿En qué medida ha sido un ejercicio de catarsis escribir este libro? ¿Qué te llevó a hacerlo?
Aunque plasmar el relato en un libro era una idea que siempre me ha acompañado, el hecho de que Espasa me ofreciera la posibilidad fue determinante. En cuanto a qué ha supuesto para mí poder escribirlo, no lo entiendo como una catarsis, sino como un ejercicio lógico del proceso. Que hayan pasado más de 20 años me ha permitido reflejar no solo el relato del ataque, también todo el proceso psicológico, lo que le da un valor añadido al texto.
En el libro has intentado proteger la identidad de las personas implicadas en el atentado y has anonimizado a algunos de ellos. Todos los que aparecen, de una u otra forma, dieron su consentimiento. ¿Qué reacciones recibiste cuando les planteaste que ibas a publicar un libro con tu testimonio?
A todos les pareció muy bien, incluso algunas personas pensaban que era necesario que yo lo llevase a cabo.
Otro elemento muy presente es tu familia, la cual supuso un apoyo fundamental tras el atentado y también sufrió las consecuencias. Desde tu experiencia propia y como presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo de la Comunidad Valenciana, ¿crees que necesitan mayor apoyo y protección institucional para afrontar este tipo de situaciones derivadas?
Evidentemente, sí. Muchas veces, la protección institucional se centra en la víctima directa y deja de lado la situación de las familias que, en definitiva, son las que tienen que lidiar a diario con el trauma.
Las fundaciones de víctimas insistimos en la importancia y en la necesidad de dar testimonio, no solo para honrar la memoria de las víctimas, sino también para contribuir a la educación de la sociedad en valores de tolerancia, no violencia y renuncia al terrorismo. ¿Cómo de importante crees tú que es dar testimonio y que sean las víctimas quienes cuenten sus vivencias?
No es importante, es fundamental que las víctimas den su testimonio. Cada uno de ellos es el reflejo de las consecuencias que genera el uso de la violencia, en el caso del terrorismo con un fin político. A quien recibe el testimonio le ayuda a percibir el fenómeno terrorista como lo que es: una sinrazón que solo genera dolor.
Uno de los grupos sociales que tienen mayor desconocimiento sobre el terrorismo son los jóvenes, ya que no vivieron el período de mayor actividad terrorista en España. ¿Qué tipo de iniciativas crees que son necesarias para fomentar entre ellos un mayor acceso e interés?
Cualquier iniciativa que fomente el conocimiento de lo que ha ocurrido en nuestro país, en tiempos no tan lejanos, es necesaria para el desarrollo de valores de paz y convivencia democrática entre nuestros jóvenes.
Acciones como esta dan voz a aquellas personas de nuestro país que han sufrido las consecuencias del terrorismo, de una u otra forma. ¿Cómo pueden verse reflejadas otras víctimas con tu testimonio?
Aunque el hecho sea traumático, el atentado sea distinto. Tanto las víctimas como las familias pueden verse reflejadas en el camino posterior. El proceso psicológico de las víctimas seguro que tiene elementos comunes.
Tres días de noviembre no narra solo el atentado. Dices en el prólogo que abarca desde los antecedentes hasta tu experiencia posterior y que, así, es casi un relato de tu vida. ¿Hasta qué punto ese hecho ha condicionado tu vida y, por otro lado, qué ha sido lo más difícil de plasmar por escrito de todo ese relato?
Vivir un hecho violento te condiciona hasta tal punto que, en mi caso, me obligó a dejar mi carrera profesional, aparte de cambiar en muchos aspectos tu forma de entender la vida. Lo más doloroso ha sido explicar el proceso del Trastorno de Estrés Postraumático y el daño que en mi caso causé en mi familia.
Hace muy poco que se publicó el libro y has tenido ocasión de hacer algunas presentaciones. Antes del libro, también has dado cuenta de tu testimonio en diversos foros. ¿Cómo percibes que recibe la sociedad el relato de las víctimas cuando lo contáis de tú a tú?
En estos tiempos, donde la mayor parte de la información no llega por medios digitales, el hecho de que alguien te cuente su experiencia personal cara a cara es algo de mucho valor.
El libro va ya por su segunda edición, a pesar de llevar poco tiempo a la venta. ¿Cuál crees que ha sido el secreto de su éxito?
Para mí ya ha sido un éxito poder escribirlo y reflejar por dónde he pasado. Lo único que he intentado es que sea una historia personal sin censuras y probablemente hay radique que a la gente le interese.



